Niñera, cuidadores infantiles, padres, abuelos, canguro en casa, tutores…el mundo que rodea a los niños es infinito, a la vez que muy estrecho.  Las rutinas, los juegos y la enseñanza, en ocasiones nos hace pasar por alto detalles importantes, que pueden indicarnos un autismo temprano.

No hace mucho, se desconocían las causas del autismo en los niños. Las investigaciones sobre el tema han avanzado y  en primer lugar, ahora sabemos que no hay una causa de autismo al igual que no hay un tipo de autismo. En los últimos cinco años, los científicos han identificado una serie de raros cambios genéticos, o mutaciones, asociados con el autismo. Un pequeño número de éstos son suficientes para causar autismo por sí mismos. La mayoría de los casos de autismo, sin embargo, parecen ser causados ​​por una combinación de genes de riesgo de autismo y los factores ambientales que influyen en el desarrollo temprano del cerebro. Cuando la niñera, trata con los pequeños, puede ser de gran ayuda conocer, cual es el origen del trastorno para poder relacionar, los riesgos que hayan podido desencadenarlo, con los síntomas de aparición del autismo.

 

En presencia de una predisposición genética al autismo, un número de no genética, o ambiental  tensiones parecen aumentar aún más el riesgo de un niño. La evidencia más clara de estos factores de riesgo del autismo involucra eventos antes y durante el parto. Incluyen la edad de los padres avanzaron en el momento de la concepción (la mamá y el papá), la enfermedad de la madre durante el embarazo y ciertas dificultades durante el parto, en particular los relacionados con los períodos de privación de oxígeno al cerebro del bebé. Es importante tener en cuenta que estos factores, por sí solas, no causan autismo. Más bien, en combinación con factores de riesgo genéticos, que parecen aumentar modestamente el riesgo.

 

Un creciente cuerpo de investigación sugiere que una mujer puede reducir su riesgo de tener un niño con autismo, tomando vitaminas prenatales que contienen ácido fólico y / o consumir una dieta rica en ácido fólico, durante los meses antes y después concepción.

 

Cada vez más, los investigadores están estudiando el papel del sistema inmunológico en el autismo. Se está trabajando para aumentar la conciencia y la investigación de estos y otros temas, en donde más investigación tiene el potencial de mejorar las vidas de aquellos que luchan con autismo. La niñera debe ser una gran observadora, para detectar ciertos síntomas.

niñera

La niñera descubriendo los síntomas del autismo

Cada persona con autismo es único y la niñera, los padres y el entorno directo del niño son los primeros en poder detectarlo. Muchas de las personas en el espectro del autismo tienen habilidades excepcionales en las habilidades visuales, música y habilidades académicas. Alrededor del 40 por ciento tienen promedio de habilidades intelectuales superiores a la media. De hecho, muchas personas en el espectro se enorgullecen merecido en sus capacidades distintivas y formas  atípicas de ver el mundo. Otros niños con autismo tienen discapacidad significativa y son incapaces de vivir de forma independiente. Alrededor del 25 por ciento de las personas con TEA son no verbal, pero puede aprender a comunicarse mediante otros medios. Para algunos, esto significa que el desarrollo y la entrega de los tratamientos más eficaces que pueden abordar retos importantes en la comunicación y la salud física. Para otros, significa aumentar la aceptación, respeto y apoyo. Cuando la niñera pasa en ocasiones, más tiempo con los niños que sus propios padres, debe ser consciente del importante papel que ejerce con el pequeño.

Los principales signos para detectar un autismo precoz son:

  • Ausencia de sonrisa.
  • Una expresión facial que nos resulte como fuera de contexto.
  • No relacionarse con las personas, evitar la mirada directa….
  • Ciertos movimientos repetitivos.
  • Una reacción extrema y negativa ante los cambios.
  • No alzar las manos para que un adulto le coja en brazos.
  • No señalar con el dedo, sobre todo personas.

 

A partir de os 12 o 18 meses, estos signos nos darán una clara orientación y si la niñera los detecta, es importante hablar el tema con los padres, para que un estudio temprano del niño, ayude a que su entorno sea lo más favorable para su trastorno y le brinde nuevas oportunidades para ser mas social.

 

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