La doula de la muerte, es un trabajo que requiere de conocimientos sanitarios del cuerpo humano, paz interior y respeto por la vida. El acompañamiento de personas en el proceso de encontrarse con la muerte, es un trago doloroso. En el momento en que una persona se muere nos hace de espéculo de nuestra muerte.

La figura de la doula de la muerte, ayuda a las familias que no están preparadas para soportar el momento del adiós a un familiar. Solo si tenemos una buena relación nosotros con vamos a poder acompañar libres a esa persona en su camino. En muchas ocasiones, los familiares no están gestionando bien sus emociones en el proceso del duelo. Esto hace que la presencia de la doula de la muerte sea una gran ayuda, tanto para el moribundo como para la unidad familiar.

 

De ahí que afirmábamos en el precedente artículo que primero debemos superar nuestros temores. Tener claro nuestra misión personal en esta vida, ser suficientemente ególatras para dejarnos efectuarla, cuidarnos a nosotros mismos nos va a dar la fuerza para poder acompañar a alguien en esos instantes, en ocasiones bastante difíciles. En otros casos los moribundos no tienen familia para apoyarles en este momento y contratar los servicios de la doula de la muerte es importante para ellos.

La doula de la muerte, ayundando a vivir el momento final

Y digo en ocasiones, pues hay otras personas que andan con la cabeza alta, con serenidad, seguridad y confianza esos últimos pasos. Estas personas nos obsequian una última lección, tal vez la más esencial, es posible VIVIR con mayúsculas y no solo subsistir. El propósito es dejar que la persona haga su proceso, lo que necesite, dándole el espacio preciso para hacerlo.

 

Con que las herramientas que tenemos es el silencio y nuestras preguntas. No podemos olvidar que toda confesión dolorosa precisa un tiempo para ser elaborada, tras un enorme silencio acostumbra a llegar una enorme confesión. Conque el silencio es nuestra herramienta. Las personas acostumbran a sentirse muy incómodas ante ese silencio y lo rellenan con creencias, consejos, distracciones.

doula de la muerte

 

Cuando alguien me pregunta “y en esos instantes ¿Qué se afirma?”, mi contestación acostumbra a ser “Nada, no existe nada que decir, con lo que lo que hacemos es callarnos y oír”. Mas quizás aun ya antes de consultar o bien de guardar silencio, es esencial dar permiso. Probar que con nosotros si se puede charlar de aquello que les preocupa, que les amedrenta, de aquellas intuiciones que llegan en los últimos instantes.

 

Y para probar si se puede charlar con nosotros muy frecuentemente nos hacen preguntas ¿Por qué razón a mi? ¿Por qué razón ahora? ¿Qué es la muerte? ¿Hay algo tras la muerte?. Esas preguntas no procuran una contestación, procuran revisar si escapamos de ellas o bien nos sostenemos serenos. No aguardan una contestación, es muy frecuentemente su forma de intentar fomentar una charla sobre el tema que les asista a poder articular sus pensamientos, temores y lucha interior.

La figura de la doula de la muerte

 

En ocasiones las opiniones que he protegido toda la vida no se mantienen con lo que sienten en ese instante y precisan su proceso de preparación de sus sensaciones sin sentir que están traicionando lo que siempre y en todo momento han creído. Conque… ¿Se puede charlar con nosotros? ¿Nos callamos y escuchamos o bien comenzamos a chacharear con lo que pensamos? Aun posiblemente la contestación a esas preguntas ni tan siquiera sea lo esencial, sino lo esencial sea el propio proceso interior de buscar la contestación.

 

Con lo que dar permiso es callarse, no huir del tema y devolver las preguntas a fin de que la persona pueda localizar sus contestaciones, no me fatigaré de repetirlo, sus contestaciones no las nuestras. Las cosas a solucionar Quizás la primera necesidad es hacer real la pérdida, poder combatir esa negación que brota de manera instantánea frente a la nueva.

 

En ocasiones nos preguntan por el hecho de que precisan que alguien les acompañe en ese percatarse de que la muerte se aproxima. Poder dar la mala nueva con serenidad, Amor y compasión les va a ayudar a integrarla. Entonces es fundamental poder expresar todas y cada una de las emociones, TODAS. Hay personas que tienen más complejidad para expresar la saña, otras el temor, otras la tristeza.

La tristeza del adiós y la doula de la muerte

 

Normalizar todas y cada una de las emociones y dar permiso para sentir es nuestra función en esos instantes. Es bastante difícil estar con alguien mientras que tiene una abreación sensible, mas por favor, no cortéis el proceso, dejar que la persona haga la curva sensible que sube y después baja.

 

Si tratamos de consolar, de supervisar la emoción, de que esté bien, vamos a estar mandando en mensaje que con nosotros no se puede charlar, expresar, sentir. Tal vez lo único que hay que combatir es la culpa, mas jamás de forma directa siempre y en toda circunstancia con las preguntas que lleven a la persona a percatarse de que la culpa es absurda.

 

Hasta acá las pautas son iguales que para cualquier persona en un proceso de pérdida, mas que es preciso solucionar ya antes de morir: – Hallar un sentido y un significado a la propia vida. Descubrir el sentido de lo vivido y sentirlo efectuado nos deja irnos con la seguridad del deber cumplido. Para asistir podemos consultar por los sucesos más significativos de la vida, asistir a identificar lo logrado en todos y cada etapa, lo aportado a el resto o bien al planeta.

 

Generalmente lo que la persona ha efectuado deberá ver con sus valores, en ocasiones cometer el fallo de valorar si hemos logrado algo esencial basándonos en los valores del resto o bien de la sociedad. ¿Qué es lo más esencial para esa persona? Seguro que en ese área la persona ha hecho cosas fabulosas, las otras dan igual, por el hecho de que cada uno de ellos tenemos una misión diferente que acostumbra a estar en consonancia con nuestros valores. – Solucionar duelos pasados. Es bastante difícil irse si hay cosas sin solucionar.

 

Para poder fallecer tranquilamente es esencial encontrarse en un estado de Amor Incondicional, de estar en contacto con nuestra esencia de Amor. De ahí que podemos asistir a las personas a expresar las emociones no expresadas, a solucionar los enfrentamientos enquistados, a deshacer las culpas que cargan en sus espaldas y no les dejas pasear derechos, las culpas propias o bien las del resto.

La doula de la muerte nos acompaña en el final de la vida

 

Trabajar el perdón es liberador y nos acerca al Amor por todo, indispensable para irnos con todo resuelto y libres. – Apreciar y sentirse querido hasta el final. Los humanos somos seres vinculares, las relaciones y los vínculos con el resto nos nutren, dan seguridad a nuestro cerebro sensible y nos liberan de temores. Asistir a los familiares a acompañar, ciertos de ellos no desearán dejar ir a quien se marcha, o bien ser capaces de querer y dejarnos querer por la persona que está sola es la forma de ocupar esta necesidad. La persona con la que trabajamos es un Ser Humano que como tal merece respeto y Amor.

 

Da lo mismo si es afable o bien violento, dulce o bien agrio, si estamos plenos vamos a poder ofrecer ese Amor que va a hacer que la persona se sienta segura. En ocasiones las personas muy dañadas tienen temor a abrirse y nos prueban con sus ataques, si a cada agresión respondemos con Amor les vamos a estar transmitiendo que con nosotros sí es seguro abrir el corazón y, evidentemente, al estar en estado de Amor asimismo nos vamos a sentir mejor. – Sentido de esperanza y/o trascendencia.

 

Ya hemos visto lo esencial de hallarle un sentido a la vida, localizarle un sentido a la muerte asimismo es esencial. Acá es donde las creencias de tipo religioso o bien espirituales cobran sentido, posiblemente la persona haya rechazado las dos a lo largo de la vida mas eso no quiere decir que no pueda abrirse a ellas ahora.

 

Lo esencial va a ser facilitar que la persona entable un diálogo con su corazón, que pueda abrirse a lo que ha estado cerrada hasta el momento cuando comienza a sentir esa llamada interior. Establecer una relación de confianza, libre de juicios y de nuestras opiniones, estar prestos a dar testimonio sigiloso de su dolor o bien asistirles con meditaciones guiadas, lecturas, expresión creativa, símbolos, rituales de despedida o bien de paso…

 

va a haber que estar con los ojos bien abiertos para descubrir como la persona desea expresar su espiritualidad y asistirle a hacerlo. – Cuidados básicos. Aportar los cuidados básicos de enfermería, limpieza, hidratación, comida, etcétera en ocasiones son pequeñas cosas que tienen un enorme significado. La muerte no es un descalabro, sino es un proceso natural, es parte integrante de exactamente la misma vida y en ese proceso de fallecer, siempre y en todo momento se puede hacer algo, siempre y en toda circunstancia se puede acompañar y las personas que lo hacen, pueden acrecentar la calidad de vida, calmar el dolor, si lo hay, y suministrar cuidados necesarios a todos los niveles.

 

Con cierta frecuencia, las personas que acompañan, experimentan una sensación de impotencia, cuando se encaran a una persona que está en proceso de fallecer. El encarar ese hecho, supone un reto en la experiencia vital del profesional y también implica, para hacerlo de forma terapéutica, ser capaces de repasar sus ideas y los estereotipos de la sociedad, identificar las emociones (propias y extrañas), lo que dejará, no solo entender ese proceso, como una experiencia natural de la vida, sino aun para ciertas personas, puede suponer una ocasión de desarrollo y de maduración personal.

 

La realización de todo este proceso, precisa de un conocimiento conveniente y de las habilidades precisas para estar próximo a quien muere y a su familia, de forma sosiega y que verdaderamente pueda acompañar, de forma que el profesional pueda estar claro, ser efectivo y cariñoso y que quien muera, pueda hacerlo en la mayor paz y armonía posibles. Identificar y examinar las propias opiniones y actitudes con respecto a la muerte.

 

Conocer qué es la vinculación y mantenimientos de vínculos cariñosos y que sucede cuando se genera una rotura. Identificar aspectos sensibles, cognitivos y conductuales, que se acrecientan en los procesos de muerte Desarrollar capacidades y habilidades en el acompañamiento y ayuda a personas que están cercanas a fallecer y en el instante de la muerte.

 

Estereotipos sobre la muerte y su repercusión en el acompañamiento Capacitación, mantenimiento y rotura de vínculos cariñosos Aspectos sensibles, cognitivos, conductuales y espirituales. Todos tenemos miedo a la muerte. Unos desarrollan una hipocondría al estilo Woody Allen, otros sencillamente no piensan en ella y escapan de tanatorios, funerales y centros de salud.

 

Asimismo los hay valientes, claro, y es que eludir lo inevitable no hace sino más bien agudizar nuestro desasosiego. En verdad, en vez de ser algo lúgubre, el momento morir podría ser empleado como el impulso vital que nos anime a gozar al límite del presente. Ya es famosa la figura de la doula, una asistente de la comadrona que da apoyo sensible a lo largo del embarazo, el parto y el postparto.

 

En este caso la doula de la muerte, se contrata para acompañar a los que esperan el momento del marchar. Es una tarea prácticamente ignota más esencial si tomamos en cuenta la enorme cantidad de individuos que mueren solos o bien que mueren rodeados de familiares sumamente perjudicados por la inminente pérdida y, por lo tanto, inútiles de brindarles consuelo.

 

Lo más complejo fue entender que no podía establecer vínculos cariñosos con los pacientes, en especial en ese extremo en el que uno debe despedirse de una persona con normalidad a sabiendas de que tal vez no la vuelva a ver. El propósito de la capacitación es entender que todo es temporal. Mediante esta bastante difícil práctica del altruismo y de compartir instantes tan íntimos con ignotos uno aprende a vivir.

 

Al comienzo uno no se siente capaz de asistir, se tacha de intruso, lo perforan los olores vomitivos y, cuando asoma el temor en los ojos del moribundo y ya no puede comunicarse de otra manera más que mirando, es bastante difícil contener las lágrimas. Mas es un adiestramiento. Tras 9 meses acudiendo al centro de salud 2 horas semanales, visitando a una media de 5 personas que iban a fallecer inminentemente, se consigue normalizar el proceso de la muerte.

¿Cual es el papel de la doula de la muerte?

 

Ya no impresiona ver de qué manera los labios han desaparecido, de qué forma el semblante se semeja poco a poco más al de una calavera, ni produce ansiedad el sonido de la respiración que se obstruye. Terminada la capacitación, se es capaz de distinguir la belleza del esqueleto y de sonreír al entrar en una habitación. Solo ahora puedo serles útil. Puedes aproximarte, cogerlos de la mano y acompañarlos con entereza, sosteniendo la psique presente y centrada en ellos.

 

Hay quien no desea compañía y quien muere junto a mí. Ciertos charlan. Cuentan sus vidas. Otros desvarían. La mayor parte afirma que tiene fe. Hay quien nos pone a prueba: “¿Sabes que me muero?”, preguntan. Hay quienes nos dan una lección sobre la piedad, se preocupan por ti y con tono maternal preguntan: “¿Qué haces conmigo? ¿No tienes familia?”.

 

Y en ese momento, hay una compasión mutua, nos volvemos una misma persona y todo tiene sentido. La doula de la muerte nos asisten a decir adiós Sabemos que existen las doulas como acompañantes a lo largo del proceso de llegada a la vida -maternidad y crianza-. Mas hay quien prefiere ofrecer sus servicios para asistir a los familiares de aquellos que la abandonan Afirmaba Camilo José Cela que “la muerte es dulce; mas su antesala, atroz”. Y es que fallecer jamás es simple, si bien la dureza se cebe más con aquellos que nos rodean y que deben encarar la pérdida.

 

De ahí que, en ciertos países ya ha nacido un nuevo oficio: la doula de la muerte. En qué consiste la figura de la doulas de la muerte. Hay quien prefiere dejar el acompañamiento en esa llegada a la vida y ofrecer especializar sus servicios cara el instante en que nos despedimos de ella. Hermione Elliot, directiva de la inglesa Living Well Dying Well (LWDW) sabe que en ocasiones su profesión se mira con recelo, como se hace con todo lo tocante a ese instante trágico y determinante de nuestras vidas.

 

Debido a esa experiencia anterior en cuidados paliativos, percibió “una gran falta en el cuidado de los enfermos moribundos, que para mi probaba la necesidad del papel de la doula”. Se interesó por este trabajo cuando oyó el término amicus mortis -amigo de la muerte-. “Tocó algo profundo en mí y en dos mil cinco, tras 3 muertes próximas, comencé a mudar mi forma de trabajar y a desarrollar capacitación para personas que asimismo deseaban transformarse en doulas de la muerte”.

 

Desde ese momento, define su trabajo como “pasear al lado” y matiza: “Estamos con toda la familia ofreciéndoles continuidad, apoyo y confianza e inclusive a facilitamos las conversaciones más bastante difíciles. Les asistimos a comprender el profundo y enigmático viaje que es la muerte”. Su objetivo es claro: ofrecer un acercamiento más humano, respetuoso y empoderador por fin de la vida.

 

En Estados Unidos: el proceso del adiós Hay diferentes asociaciones que reúnen a este gremio, como es el caso de la de Norteamérica INELDA (International End of Life Doula Association), una organización internacional no lucrativo que se dedica a asistir a edificar centros de cuidados paliativos con doulas. En dos mil tres, Henry Fersko-Weiss, el día de hoy co-creador de Inelda, era trabajador social de cuidados paliativos.

El respeto por el moribundo y el apoyo a la familia ofrecido por la doula de la muerte

“Vi fallecer bastantes personas de formas que no creo que los honraran a ellos ni ayudasen a sus familias y sentí que encargarme de esa tarea era la vocación de mi vida”. Se estudian técnicas nuevas para continuar avanzando en las mejores prácticas en la atención en el proceso de fallecimiento. “La doula ayuda a los pacientes a explorar el significado de su vida y a crear un proyecto de legado que se transforme en expresión de lo que ha sido esencial para ellos.

 

No asisten solo a quien se aproxima a la etapa final ni solamente a su familia; se trata de un proceso conjunto en el que la doula les ayuda a planear de qué forma desean pasar esos últimos días, lo que incluye música que desean escuchar, objetos que extrañan alrededor o bien lecturas que les apetezcan. “La doula de la muerte, diseña rituales guiados para progresar la experiencia o bien calmar los síntomas” e inclusive se ofrecen para quedarse “al lado del cuerpo de la persona tras su muerte hasta el momento en que su familia se sienta cómoda para estar sola con su ser querido”.

 

Semanas después, las doulas vuelven a acompañar a la familia y les asisten “a empezar su viaje a través del dolor”. Medicina Vs acompañamiento El duelo no es siempre y en todo momento igual. Por poner un ejemplo, médicos criticados por sostener a pacientes terminales con vida más asimismo a veces en que deciden interrumpir un tratamiento ineficaz.

 

“Esperemos volviesen los días en que la muerte era admitida como una progresión natural y no un descalabro”, suspira. No obstante, los médicos/as y enfermeros/as son el reflejo de una tendencia social que nos lleva, poco a poco más, a aislar el instante que más tememos de nuestra realidad.

 

“Poquísimos profesionales sanitarios se sienten suficientemente cómodos para entrar en el terreno sensible o bien espiritual, preciso para implicar a la gente en la preparación para la muerte”. “La muerte se transformó entonces en un proceso supervisado por máquinas de pitido incesante y los familiares comenzaron a estar ‘fuera de lugar’ en este nuevo ambiente esterilizado”, asevera Henry.

 

En dos mil nueve, una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ya ponía de manifiesto que el cuarenta y 5 con cuatro por ciento de los españoles preferiría fallecer en casa. Si bien en la práctica, las familias no acostumbran a contar con profesionales que les enseñen técnicas de cuidados o bien que les apoyen en el proceso sicológico de aceptar la pérdida.

 

Tampoco se le da voz a los protagonistas del instante, que tienen derecho a tomar decisiones dónde y de qué forma desean pasar sus últimos días. Quizás de ahí que, la Fundación Lien ubica a España en el puesto veintitres de los peores países para fallecer entre los ochenta analizados en su Índice de Calidad de Muerte (dos mil quince). Y si bien sí ha percibido que “a mis compañeras (doulas) les ha llamado la atención más ninguna ha decidido emprender ese camino”.

El camino hacia el adiós con la doula de la muerte

 

En verdad, reconoce que son poquísimas las que acompañan duelos pre y neonatales. En parte, piensa que se debe a que “cobrar por esta razón no termina de estar bien visto en nuestra sociedad”. Pese a eso, Beatriz prosigue ofertando sus servicios a estas mujeres por el hecho de que entiende la complejidad del proceso sensible y la necesidad de apoyo.

 

“Cuando se ha despedido de su bebé, la mujer queda en tierra de absolutamente nadie. Hay pocos profesionales que te atiendan. Cuando las debo derivar a especialistas, me cuesta mucho localizar sicólogos especializados y titulados… Es un tema muy desatendido”, explica. En duelo, Beatriz acostumbra a encontrarse con mujeres que “solo afirman que le semeja una injusticia y que no hay derecho a que su bebé se haya ido.

 

Medita un segundo y prosigue: “Todo el planeta les afirma que deben ser menos beligerantes, más apacibles, que pasen página… Tratan de consolarlas y de que se sientan mejor. Mas tal vez sencillamente precisa espacio para expresarse. La doula de la muerte, tiene como misión ayudar a que la despedida del moribundo sea digna y respetuosa.

 

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