La geriatria es nuestro punto de mira en esta ocasión, unida a los aspectos relativos al deporte y la influencia positiva en el  cerebro. La educación, la memoria y la reparación del cerebro dependen de la capacidad de nuestras neuronas para mudar con la experiencia. Hablamos de la plasticidad, o sea, de la capacidad de nuestro cerebro de ir mudando a resultas de la experiencia adquirida.

 

Este potencial plástico de la corteza cerebral se da especialmente cuando somos pequeños, y se piensa que va reduciendo con la edad. Esta minoración es singularmente pronunciada en el cerebro sensorial, que muestra mucho menos plasticidad en los adultos y en el ámbito de la geriatría,  que en los más jóvenes.

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Sin embargo, es mucha la investigación que a lo largo de estos últimos años ha confirmado que la plasticidad cerebral es más compleja de lo que parecía en un comienzo, y que los patrones de plasticidad son diferentes en dependencia de la edad. Se ha constatado, por servirnos de un ejemplo, que personas en la vetustez pueden tener el mayor desempeño que ciertos jóvenes en actividades cognitivas al arrancar la llamada plasticidad funcional compensatoria, mediante la que se compensan declives en ciertas zonas del cerebro con la activación de otras áreas que dejan que el cerebro sostenga su capacidad neuronal.

 

La Geriatría y la importancia del deporte y plasticidad

 

Un nuevo trabajo publicado en Current Biology y llevado a cabo por estudiosos de la Universidad de Pisa (Italia) muestra ahora esenciales rastros científicos de que el ejercicio de regular podría progresar la plasticidad esencial del cerebro adulto.

 

Los especialistas aseguran que estas conclusiones, que se han centrado particularmente en la corteza visual, son una buena nueva para personas con determinadas afecciones que incluyen ambliopía (llamada de manera frecuente ojo perezoso) o bien lesión cerebral traumática, entre otras muchas.

 

Es la primera vez que se muestra que niveles moderados de actividad física podrían progresar la neuroplasticidad en la corteza visual de los humanos adultos. Los desenlaces, por tanto, abren el paseo de cara al desarrollo de estrategias terapéuticas no invasivas que exploten la plasticidad cerebral intrínseca en personas adultas y del entorno de la geriatria.

 

Potencial  de la plasticidad en la geriatria

Para el trabajo, los estudiosos se inspiraron en ensayos anteriores que mismos habían efectuado anteriormente en animales de laboratorio. Estos estudios habían mostrado que los animales que efectúan actividad física ofrecían mayores niveles de plasticidad en la corteza visual y una mejora de la ambliopía en comparación con los animales más sedentarios.

 

Para confirmar estos desenlaces en humanos, los científicos midieron el potencial plástico residual de la corteza visual de veinte adultos a través de una prueba simple de rivalidad binocular. Nuestros ojos trabajan juntos la mayoría del tiempo. Mas cuando se da el en caso de que alguien deba llevar un parche en un ojo a lo largo de un determinado período, el ojo cerrado se robustece por el hecho de que el cerebro visual procura compensar la carencia de entrada visual del otro. La fuerza del desequilibrio resultante entre los ojos es una medida de la plasticidad visual del cerebro, y puede medirse a través de esta prueba, que presenta al cerebro un enfrentamiento visual claro, que debe esmerarse por solucionar.

 

Los estudiosos sometieron a los voluntarios a esta prueba en un par de ocasiones. A lo largo del transcurso de la primera, los participantes observaron una película sentados en un sillón. Mientras que se efectuaba la segunda prueba, los participantes debieron pedalear a lo largo de intervalos de diez minutos a lo largo de la película. Los desenlaces fueron claros: la plasticidad del cerebro se vio reforzada por el ejercicio.

 

Si bien se precisan más estudios, los estudiosos piensan que este efecto que se genera a lo largo del ejercicio puede deberse a la minoración de un neurotransmisor inhibidor llamado GABA. Conforme las concentraciones de tal neurotransmisor disminuyen, el cerebro se vuelve más sensible a estímulos externos.

 

Sin embargo, independientemente del mecanismo que lleve a un incremento de la plasticidad, los desenlaces sugieren que el ejercicio, que es muy importante en nuestra salud cerebral, desempeña un papel esencial en la salud del cerebro y su restauración.

En conclusión, aportar en la geriatria ejercicio adaptado, influye no solo a nivel de una mejora de la movilidad y el estado de ánimo, sino que además podemos ayudar a la restauración y conservación del tono cerebral

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