Los síntomas del síndrome del cuidador, son muy habituales cuando los cuidados al enfermos se prolongan en el tiempo. Frente al cambio de la situación de salud de un miembro de la familia y la minoración de su autonomía personal, frecuentemente habitúa a surgir de forma espontánea algún familiar que se hace cargo en mayor medida de la persona, al que llamamos “cuidador principal”, siendo este el que acepta o bien sobre el que recae la atención y los cuidados de la persona  o familiar que hay que atender.

La situación, surgida de forma inopinada o por convivencia precedente, se transforma en un estado frecuente para la familia, el ambiente social de la persona, y para el propio cuidador familiar. Es desde acá que la vida del cuidador cambia a consecuencia de la demanda de adaptación requerida, transformándose en una experiencia prolongada que demanda reordenar la vida en familia, laboral y social en función de las consecuencias que se derivan día a día de la enfermedad.

Este cuidador primordial va asumiendo poco a poco la mayoría las labores del cuidar, hasta llegar a una plena y absoluta dedicación..

Una gran parte de los cuidadores de personas con demencia padecen una significativa sobrecarga física, sicológica y sensible, en especial cuando no se hallan con los apoyos (familiares, económicos o bien institucionales) que les dejen desarrollar la tarea de cuidado en unas condiciones convenientes que dejen cuidar y cuidarse.

El síndrome de sobrecarga del cuidador o bien cuidador “quemado” se identifica por ser un estado de agotamiento sensible, agobio y cansancio en el que los cuidadores,  acusan falta de sueño, de tiempo para sí mismo, incluso llegando al abandono de relaciones sociales, con la aparición de la sensación de falta de libertad y desatiendo de la propia familia, lo que además de esto provoca enfrentamientos con cónyuges, hijos y otros familiares.

Todas y cada una , consecuencias de tipo sensible y cariñoso producto de la impotencia frente al progreso degenerante de la enfermedad del familiar o enfermo a su cargo, la imposibilidad de alterar sus comportamientos disfuncionales, la sobrecarga de trabajo, la sensación de aislamiento y abandono por la parte del ambiente familiar, el posible desentendimiento de otros familiares y la culpabilidad por meditar que no se cuida a la persona como se debiese y que no se hacen bien las cosas.

cuidador

 

¿Qué síntomas nos pueden señalar que un cuidador puede estar sufriendo el síndrome?

 

Podremos ver todos estos síntomas a  nivel físico y a un profundo nivel sicológico, con síntomas de ansiedad, depresión, sentirse irritable sin motivos, sensación de mucho cansancio y agotamiento progresivo.

Tener mucha menos energía de la que habitúa, complejidad para dormir, aparición o bien empeora de problemas médicos.

Complejidad para concentrarse y/ o bien inconvenientes de memoria, molestias digestibles, palpitaciones.

Consumo de alcohol, tabaco o bien otras substancias sin control, semeja que enferme más habitualmente que el resto de personas. Cambios usuales de humor o bien de estado anímico.

No cuida sus necesidades, sobre todo por el hecho de que está demasiado ocupado o bien no dispone de tiempo para ellas. Su vida vira en torno a los cuidados de su familiar.

Tiene inconvenientes para relajarse, aun cuando tiene ayuda libre. Se muestra impaciente y también irritable con la persona que cuida.

Expresa indefensión y desesperación.

Reduce las actividades recreativas (aficiones, no sale con sus amistades, etcétera, y termina paralizando a lo largo de largos años su proyecto vital).

Desmotivación y desinterés por actividades que ya antes le daban satisfacción.

Sentimientos crecientes de resquemor contra otras personas que podrían asistir y no lo hacen

Aislamiento familiar y social. Abandono de amistades.

Gran tensión contra los cuidadores puntuales pues se tiene la sensación de que todo lo hacen mal, , no le han dado a la hora adecuada la medicación, etcétera…

 

 

Como conclusión, se aconseja la prevención de este síndrome mediante la toma de conciencia por la parte del cuidador y del ambiente que le circunda (familiares, profesionales de la salud y servicios sociales, la necesidad de incluir un plan de autocuidado en su cada día que incluya: reposo, reservarse un espacio personal para sí, intentar sostener el contacto social con familiares, amigos y otros cuidadores y velar por su salud.

Si el cuidador se encuentra mal física y psíquicamente, será incapaz de desarrollar adecuadamente los cuidados necesarios del enfermo. En definitiva: Debes cuidarte para poder cuidar.

  1. No habia regresado tu blog por un tiempo, porque me pareció que era aburrido, pero los últimos posts son de buena calidad, así que supongo que voy a añadirte a mi lista de sitios web cotidiana. Te lo mereces amigo. 🙂

    Saludos

    1. Muchas gracias por tu regreso, esperamos seguir ofreciendo contenido que pueda interesarte y como siempre, estamos abiertos a colaboraciones en nuestro blog.

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