Andadores para ancianos, conociéndolos a fondo.

Un andador, asimismo llamado caminador o bien deambulador, es un accesorio que deja a las personas con contrariedades para pasear, poder desplazarse y moverse sin la ayuda de un tercero. Es por lo general, una estructura de metal con tacos antideslizantes. En la parte inferior y tienen empuñaduras localizadas frente a la persona.

andadores ancianos

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Se puede regular su altura para amoldarlo al tamaño de la persona. Asimismo se le llama Rollator, cuando está pertrechado con ruedas para facilitar los desplazamientos.

 

Los andadores para ancianos, asisten a recobrar la independencia. Mejoran la marcha y ofrecen un mejor apoyo y estabilidad que un bastón.

 

Habitualmente, esta ayuda técnica es imprescindible para la autonomía de la persona.

 

¿Para quién están indicados los andadores para ancianos?

 

Los andadores son usados eminentemente por personas adultas con inconvenientes para desplazarse solas, así sea por carencia de equilibrio, tras una operación quirúrgica o bien tras una caída. Los andadores asimismo son útiles para personas amputadas y que solo pueden respaldar una pierna.

 

¿Qué géneros de andadores hay? Hay 2 modelos de andadores: Los andadores simples. Los andadores con ruedas Andadores simples.

Hay múltiples estilos de andador: simple, articulado o bien con ayuda para levantarse. El andador simple tiene el beneficio de ser realmente estable y ofrece más soporte que un bastón. No obstante, no es muy práctico y requiere un tanto de aprendizaje: levantarse de la silla y ponerse delante del andador, sujetar las empuñaduras para asegurar la estabilidad, levantar el andador, llevarlo cara delante, respaldarse en su estructura y dar los pasos, reiterar la operación.

 

Andador de pasos sin ruedas

Los andadores para ancianos como el  andador articulado son realmente útiles. En tanto que se pueden desplazar los 2 lados del andador de forma alternativa sin levantarlo para avanzar. Asimismo hay un modelo de andador con ayuda para levantarse que aporta una ayuda suplementaria para incorporarse cuando la persona está sentada en un sillón o bien en el inodoro. El andador está pertrechado con 2 pares de empuñaduras: un par a media altura para incorporarse, y un par a la altura normal para avanzar.

andadores para ancianos

 

Andador sin ruedas con ayuda para levantarse. Andadores para ancianos con ruedas o bien rollators Existen con dos, tres o bien cuatro ruedas y su empleo es diferente al del andador simple. Los andadores a ruedas dejan reducir el ahínco en tanto que no es preciso levantar el andador para poder avanzar. Andador con dos ruedas Estos modelos cuentan con 2 ruedas delanteras y 2 apoyos fijos en la parte posterior.

Andadores para ancianos, tomando una decisión adecuada

 

En general se usan más en interiores y son un término medio entre los andadores simples (muy estables) y los andadores de cuatro ruedas que no resultan convenientes a personas con grandes inconvenientes de equilibrio. Son simples de manejar merced a las ruedas, estables y se puede regular la altura. Andador con 2 ruedas Los andadores de 2 ruedas o bien de interior no se aconsejan para un empleo en el exterior puesto que las ruedas son demasiado pequeñas y se amoldan mal a las aceras o bien terrenos irregulares.

Andadores para ancianos simples o de cuatro ruedas

 

Andador de tres o bien cuatro ruedas Estos andadores son considerablemente más manejables merced a sus ruedas con dirección y frenos en las ruedas traseras. Tienen el beneficio de ser con frecuencia plegables para poder meterlos en un turismo, por poner un ejemplo, o bien guardarlos en un guardarropa. Ciertos andadores están pertrechados con un asiento para reposar si es preciso.

 

En ciertos modelos se pueden amoldar accesorios, como cestas, bandejas, sillas o bien aguantes para los antebrazos. Estos andadores requieren más habilidad y capacidad para maniobrar, en especial para el empleo de los frenos. Andador de tres ruedas con bolsa y cesta Andador de cuatro ruedas plegable Andador de aluminio con asiento Asimismo hay andadores concretos con apoyo en los antebrazos, en especial desarrollado para personas con reumatismo, artritis o bien cualquier otro inconveniente que impida que se pueda sostener de forma segura un andador con las manos.

 

Andadores para ancianos, la seguridad en la movilidad

 

Andador con apoyo para los antebrazos ¿Cuáles son los materiales de un andador? ¿Requieren mantenimiento? Los andadores están fabricados en su mayor parte de aluminio. Los andadores con ruedas pueden ser de acero o bien de aluminio, y el asiento de espuma o bien poliuretano. No requieren un mantenimiento singular.

 

¿Dónde vamos a usar el andador para ancianos?

 

La utilización del andador para ancianos varia según su sitio de acción. El sitio donde se marcha a usar el andador para ancianos, es un factor en la decisión de compra.

 

Nos va a hacer decantarnos por un modelo o bien otro en función de los siguiente factores.

 

 

Escenario 1: El andador para ancianos, se marcha a utilizar primordialmente en casa. Para este caso, podemos hacer empleo de prácticamente cualquier andador. En casa no tenemos inconvenientes de suelos con irregularidades, bordillos o bien desequilibres pronunciados.

 

Por consiguiente desde un andador fijo hasta uno con ruedas nos valdrá. Sí que es cierto, que por las dimensiones de las puertas, las esquinas y las zonas con poco espacio, deberemos tener en psique que las dimensiones del andador no van a poder ser realmente grandes. Quedando de este modo excluidos los andadores de 4 ruedas muy grandes, salvo que contemos con extensas estancias.

 

Escenario 2: El andador para ancianos, va a tener un empleo mixto exterior-interior. Para esta ocasión, un andador con cuando menos ruedas delanteras va a ser más recomendado. Debemos tomar en consideración que las irregularidades del terreno hacen que sea muy incómodo arrastrar las patas traseras de un andador por la calle. En este sentido, muchos son los clientes del servicio que tras adquirir un andador fijo (sin ruedas) procuran tiempo después ponerle las 2 ruedas delanteras, o bien aun, hay clientes del servicio que habiendo adquirido un andador de 2 ruedas delanteras procuran la posibilidad de instalar las 2 traseras.

 

Debemos siempre y en todo momento buscar el compromiso de elegir buenos andadores para ancianos

 

Escenario 3:  Solo se utilizará el andador para ancianos, en el exterior. Para esta situación, lo mejor es un andador de cuatro ruedas, y de ser posible uno que disponga de las ruedas con el mayor tamaño posible a fin de que supere de la manera más con comodidad posible las irregularidades del terreno. Los rollators son para este escenario, los protagonistas número uno.

 

Andadores para ancianos y sus accesorios

 

En este sentido, estos productos vienen dispuestos para que la comodidad del paciente sea máxima. Un montón de peculiaridades útiles en el cada día de estos productos, como cesta o asiento acolchado.

 

A una parte de esto, otra de las cosas que debemos tomar en consideración es el peso del andador, que va meridianamente asociado al género de material con el que está construido el producto: Material de construcción. Andadores de Aluminio versus Andadores de Acero. En el momento de empujar y/o arrastrar un andador, el peso del mismo se transforma en un punto muy importante a tener en consideración.

 

Los andadores para ancianos de acero acostumbran,  a ser realmente robustos, mas por el contrario son muy pesados.

 

Es tal lo que condiciona este punto, que en el mercado es prácticamente imposible hallar andadores sin ruedas de acero. Prevaleciendo el aluminio como elemento esencial. No ocurre en cambio lo mismo con los andadores de 2 ruedas, en donde en el mercado hallamos andadores de acero (rondan los seis-diez kg) y de aluminio (desde los dos.5 kg de ahora en adelante). En este sentido, va a haber que observar ya antes de adquirir el producto que es preferiblemente de aluminio.

Andadores para ancianos y sus complementos

 

Este factor es tan esencial que puede hacer que el usuario se canse de manera rápida y por último no use el producto. El aparato locomotor está compuesto por huesos, articulaciones y músculos, y sus funciones se centran en administrar el sostén y permitir la movilidad del organismo. Los movimientos no solo contribuyen a gozar de la vida, sino además de esto son esenciales para su conservación.

 

El movimiento es esencial para la salud del paciente geriátrico.

La inmovilidad provoca: – Minoración de la fuerza y tono muscular. – Incremento del peligro de infecciones y embolias. – Inconvenientes respiratorios. – Inconvenientes mingitorios. – Estreñimiento. – Úlceras por presión. – Incremento de la osteoporosis, etcétera Para prevenir la aparición de estos inconvenientes, es esencial asegurar una movilidad conveniente y el mantenimiento de posturas adecuadas.

Andadores para ancianos, ayuda a la movilidad

 

Reglas básicas para movilizar adecuadamente a la persona mayor con inconvenientes de movilidad. El familiar y los cuidadores asimismo deben adoptar situaciones adecuadas para eludir inconvenientes musculares y de columna vertebral. Debemos rememorar que los músculos de las piernas son más fuertes que los de la espalda. – En consecuencia, para levantar a un enfermo, es conveniente plegar siempre y en todo momento las rodillas, sosteniendo la espalda recta y también inclinada cara delante desde las caderas. – Los pies del cuidador se ponen separados, bloqueando uno, por su parte, los pies del enfermo y situándose en la dirección del movimiento.

 

– Cuando el paciente es demasiado pesado o bien está muy incapacitado, se pueden usar medios mecánicos, como grúas, que son de enorme utilidad. Movilización adecuada en las diferentes situaciones en que se puede localizar una persona mayor inmovilizada Giros en la cama: La persona mayor tiende a moverse poco en cama y persuadirle de que lo haga, y que lo haga en giros. Es más simple dar la vuelta sobre un jergón firme.

 

– Los ancianos que todavía preservan cierta movilidad pueden hacer los giros por sí mismos. Para esto, deben plegar las rodillas y respaldar los pies sobre la cama, inclinar las piernas cara el lado sobre el que se marcha a efectuar el giro, entrelazar las manos y levantarlas estirando los codos al tiempo para, por último, virar la cabeza y mover los brazos cara ese lado.

 

– Caso de que el paciente esté más incapacitado, el familiar o bien el cuidador deben asistirle a efectuar el giro colocándose a su lado. Siguiendo los pasos descritos previamente, se le sostienen los brazos por las muñecas y las piernas por las rodillas y se tira con suavidad del enfermo cara el lado del giro. Al paciente se le solicita que mire sus manos a lo largo del giro a fin de que mueva su cabeza al tiempo.

Andadores para ancianos, el complemento de seguridad

 

Levantarse de la cama: Los ancianos dependientes mas con movilidad pueden: desplazar las piernas hasta el borde de la cama, respaldarse en el codo y en la mano, levantar la cabeza y bajar los pies al suelo quedando sentados en cama. – Si el enfermo precisa ayuda, nos ponemos frente a él con las caderas flexionadas y nuestras rodillas pegadas a las suyas, bloqueando sus pies con los nuestros.

 

Pasamos los brazos a su espalda bajo las axilas, invitándole a que intente levantarse y, en ese instante, tiramos cara arriba hasta ponerle de pie. La sedestación: Una parte esencial de la población anciana, incluso disfrutando de buena salud y autonomía en su movilidad, padece afecciones crónicas como inconvenientes articulares, debilidad muscular, de manera especial para la sustentación del leño, inconvenientes circulatorios y falta de coordinación motora.

 

Habitualmente, los ancianos ocupan una silla a lo largo de bastantes horas al día. Ahora se anotan ciertas recomendaciones de de qué manera deben ser las sillas y los sillones de las personas mayores con inconvenientes de movilidad: – Los reposabrazos son esenciales para una mayor comodidad y para facilitar los movimientos de sentarse y levantarse. Existen sillas aconsejables de diferentes tipos y alturas.

Andadores para ancianos, diferentes tipos

 

– El respaldo debe suministrar un buen soporte a la espalda y a los hombros, lo que implica apoyo lumbar y torácico. – En los sillones de reposo, es recomendable que el respaldo sea suficientemente alto para respaldar la cabeza. – La solidez del acolchado es un factor clave para otorgar comodidad y facilitar la entrada y salida del asiento. – La tapicería ha de ser simple de adecentar.

 

Postura adecuada del anciano sentado (figura1): Continuar con la espalda apoyada en el respaldo de la silla. Repartir la carga del peso del cuerpo por igual en las dos caderas. Caderas, rodillas y pies, en flexión de noventa grados. Respaldar completamente los pies en el suelo y eludir que queden colgando. Si es preciso, se pone un banquillo para respaldar toda la planta del pie.

 

Levantarse de la silla: La mayor parte de los ancianos tiende a respaldarse en su bastón o bien a sostenerse en cualquier objeto que tenga delante cuando va a incorporarse de una silla. Esto puede ser peligroso, aparte de considerablemente más bastante difícil y también incómodo. – El sujeto debe desplazarse hasta el borde de la silla y llevar el leño y la cabeza cara delante.

 

Con los pies bien apoyados sobre el suelo y tenuemente separados, se da un pequeño impulso sujetándose con las manos a los brazos del sillón.. – A los ancianos con un brazo impedido o bien limitado más que el otro les resulta más simple levantarse apoyando su brazo sano en el brazo de la silla y también impulsándose sobre su pierna sana. – Jamás se debe tirar del enfermo para asistirle a levantarse por rutina; hay que animarle a que lo haga por sí solo.

 

Si esto no fuese posible, se le debe prestar la ayuda mínima, dándole un pequeño impulso desde la espalda o bien sujetándole por la cinturilla del pantalón. – Cuando el paciente está más incapacitado, se le ayuda a incorporarse sujetándole por la espalda. Se bloquea la parte externa de la rodilla del paciente, con la rodilla del familiar o bien cuidador, poniendo uno de los pies del familiar o bien cuidador entre los dos pies del paciente.

 

Sentarse sobre la silla: El anciano no debe jamás abalanzarse sobre la silla, sino más bien acercarse lo bastante hasta tocarla con la parte trasera de las rodillas. En esta situación, debe coger con las manos los brazos del sillón, agacharse cara adelante y plegar las rodillas hasta sentarse. Cuando el anciano está más incapacitado y precisa la ayuda de una persona, se le sostén por la espalda bloqueando las rodillas y los pies del anciano.

 

A fin de que sostenga la postura adecuada y se impida que se deslice en la silla, se le sostén el leño bajo sus brazos hasta pegar su espalda por completo al respaldo del sillón. Bipedestación: Forma la actitud normal del humano que se mantiene con 2 pies. La tendencia del anciano en esta situación es adoptar una actitud encorvada en demasía.

 

Por esta razón, es esencial recordarle que autocorrija esa postura y se sostenga lo más erguido posible. La situación ideal en bipedestación supone: poner los pies separados, uno de ellos avanzado levemente respecto al otro; sostener las caderas paralelas y el leño erguido, si bien con una ligera flexión y las plantas de los pies apoyadas por completo en el suelo.

 

Para los ancianos que han perdido su capacidad para la deambulación, mas que todavía pueden levantarse solos de una silla, es esencial que sostengan la bipedestación a lo largo de ciertos minutos. Para dar la seguridad máxima al paciente y prevenir posibles caídas es recomendable efectuar esta actividad en frente de una mesa estable.

 

En esta situación, el apoyo alternativo de las piernas da mayor estabilidad y relajación. Debe animarse al anciano a que se levante y se siente cuantas veces resulte posible para prevenir la aparición de escaras. Para los ancianos hemipléjicos, que han perdido el control del equilibrio, es fundamental que sostengan sus miembros en una buena posición: manos puestas encima de la mesa y plantas de los pies absolutamente apoyadas sobre el suelo.

 

En los ancianos con fractura de cadera resulta conveniente eludir, en la medida de lo posible, la tendencia a la rotación externa (esto es, punta del pie cara afuera), recordándoselo y ayudándoles a corregir la postura. Cuando el anciano no tiene el equilibrio preciso para sostenerse en bipedestación, resulta necesario continuar a su lado.

 

No debe olvidarse que, al menor síntoma de cansancio o bien dolor, debe sentarse. La marcha: La deambulación forma una de las manifestaciones elementales del humano y es esencial para lograr una calidad de vida suficiente. La marcha puede verse complicada en el anciano por diferentes razones: enfermedades físicas o bien psíquicas, el propio proceso de envejecimiento o bien razones de tipo social. En elevado número de ocasiones se hace preciso, o bien cuando menos recomendable, la utilización de un medio ayudar (bastón, muleta, etcétera).

 

Cuando el anciano no precisa ninguna ayuda y puede pasear de forma independiente, debe orientársele a fin de que sostenga una postura erguida y relajada, acompañada del balanceo de sus brazos. Como el anciano tiende a arrastrar los pies por el suelo, es necesario recordarle que debe levantarlos apoyando primero el talón y después la punta.

 

Cuando tenga una marcha inestable y necesite ayuda, el familiar o bien el cuidador debe pasear a su lado sujetándole por las 2 manos para darle la seguridad máxima. Los medios auxiliares más empleados por los ancianos son: – Muletas con codo. Son las de manejo más fácil, mas a veces no dan la estabilidad precisa, con lo que son rechazadas por ciertos ancianos.

 

Es fundamental su utilización adecuada, poniendo bien el brazo en la abrazadera y la mano en la empuñadura. – Bastones. Es el medio más frecuente. El bastón debe alargar al brazo contrario a la pierna perjudicada, incrementando de esta forma la base de sustentación, para lo que se usa tenuemente adelantado y paralelamente al cuerpo. Es preciso tomar en consideración la altura y el peso de cada individuo y revisar que la punta lleva una goma antideslizante.

 

El bastón es útil como punto de apoyo si se emplea como tal y no si se arrastra. – Trípode y bastones de 4 patas. Son más estables. Están indicados sobre todo en personas de edad avanzada y con gran inestabilidad. Es esencial que tengan la altura conveniente. – Andadores. Pueden llevar ruedas o bien no.

 

Para manejarlos de forma conveniente, es preciso tener prensión y fuerza en las 2 manos, sujetarlos por la empuñadura y situarse cerca de ellos. El anciano tiende a ponerse a más distancia, favoreciendo el peligro de caídas. Están indicados en fases agudas o bien cuando hay una inestabilidad elevada. Las caídas son la manera más usual de accidente en las personas mayores y representan además de esto la primordial causa de muerte eventual en este conjunto de edad.

 

Las personas mayores padecen caídas muy de forma frecuente. Se calcula que cerca de una tercera parte de los ancianos que viven en sus casas y la mitad de los que están en viviendas o bien otras instituciones afines tienen por lo menos una caída por año.

 

Para remarcar la trascendencia del inconveniente cabe decir que, de los individuos que padecen una caída, entre el cinco por ciento y el veinticinco por ciento pueden presentar lesiones relevantes, y de los que requieren ingreso hospitalario tras una caída solo el cincuenta por ciento subsiste un año después. Las caídas son fundamentales en Geriatría por su elevada incidencia y por las consecuencias que conllevan.

 

Generalmente, las caídas se deben a múltiples causas coincidentes que se acostumbran a clasificar en: Causas intrínsecas: Prácticamente cualquier nosología del anciano puede causar caídas, mas las más usuales son: – Enfermedades neurológicas: por afectación del nivel de conciencia (epilepsia y accidente cerebrovascular), o bien por perturbación de la marcha y el equilibrio (enfermedad de Parkinson, demencias, etcétera).

 

– Enfermedades reumatológicas: enfermedades como la artrosis o bien la artritis reumatoide generan caídas por el trastorno de la marcha, el dolor o bien la rigidez que las acompaña. – Enfermedades cardiovasculares: las arritmias, la insuficiencia cardiaca, la hipotensión ortostática (bajada de tensión y mareo al incorporarse o bien levantarse con brusquedad) pueden generar caídas por pérdida de conciencia o bien por la debilidad que producen.

 

– Enfermedades de los sentidos: los trastornos de la audición y, sobre todo, de la vista predisponen y de manera frecuente producen caídas en los ancianos Forma de levantarse tras una caída: 1. Una vez en el suelo, procurar darse la vuelta, colocándose boca abajo. dos. Ponerse en situación de gateo. tres. Incorporarse: a) apoyándose en una de las piernas si no se encuentra otra unión. b) apoyándose en un mueble que está sólidamente anclado.

 

– Fármacos: las personas mayores son en especial susceptibles a los efectos secundarios de los medicamentos y a las interactúes entre ellos. Los medicamentos pueden provocar caídas por perturbación de la conciencia, del equilibrio y de la atención, como por rigidez muscular o bien hipotensión postural. Los que más con frecuencia se asocian con la aparición de caídas son los antihipertensivos, los sedantes generalmente y los antidiabéticos.

 

Causas extrínsecas: Son los factores que dependen de circunstancias sociales y ambientales. En consecuencia, en este conjunto se abarcan las caídas meramente casuales (si bien es conveniente rememorar que acostumbra a haber múltiples factores implicados de forma simultánea).

 

– En el domicilio: suelos escurridizos del baño, iluminación deficiente, moblaje poco apropiado, obstáculos en los lugares de paso, peldaños demasiado altos, ausencia de asideros y pasamano, alfombras, etcétera – En el exterior: aceras en mal estado, tráfico excesivo, mala señalización, falta de elementos de adaptación en los medios de transporte y en los accesos a edificios para las personas discapacitadas.

 

– En los centros de salud y también instituciones: ausencia de moblaje adaptado: camas, sillones geriátricos, etcétera como la utilización de medios de limitación física (cinturones) cuando no están indicados. Consecuencias de una caída La consecuencia más grave de una caída es, como resulta obvio, la muerte, que pasa en un número no abominable de casos.

 

Las circunstancias que determinan una mayor mortalidad asociada a las caídas son: la edad avanzada, la permanencia a lo largo de largo tiempo en el suelo, el sexo femenino y la existencia de caídas anteriores. Las consecuencias se dividen en: Consecuencias físicas. – Fracturas: son las lesiones graves más usuales con relación a las caídas.

 

Las de mayor trascendencia son las de cadera, debido a la incapacidad y las dificultades que producen. Otras fracturas usuales son las del radio, húmero y pelvis. – Magulles y heridas: se dan con mucha frecuencia y su relevancia se encuentra en el dolor que generan, que puede provocar una situación de inmovilidad. – Lesiones neurológicas: hematoma subdural (compilación de sangre en el cerebro), convulsión y contusión cerebrales. Son inconvenientes más extraños, mas muy graves.

 

– Lesiones asociadas a largas permanencias en el suelo: este es un factor de mal pronóstico puesto que conlleva dificultades graves, como la hipotermia. Consecuencias psicológicas: Estas secuelas se abarcan bajo el nombre de «síndrome postcaída» que se caracteriza por: – Temor a regresar a caer. – Pérdida de la autonomía personal y de la autoestima. – Modificación de los hábitos vitales anteriores.

 

Las caídas son la manera más usual de accidente en las personas mayores y representan además de esto la primordial causa de muerte eventual en este conjunto de edad. Las personas mayores padecen caídas muy de forma frecuente. Se calcula que cerca de una tercera parte de los ancianos que viven en sus casas y la mitad de los que están en viviendas o bien otras instituciones afines tienen por lo menos una caída por año.

 

Para remarcar la trascendencia del inconveniente cabe decir que, de los individuos que padecen una caída, entre el cinco por ciento y el veinticinco por ciento pueden presentar lesiones relevantes, y de los que requieren ingreso hospitalario tras una caída solo el cincuenta por ciento subsiste un año después. Las caídas son fundamentales en Geriatría por su elevada incidencia y por las consecuencias que conllevan.

 

Generalmente, las caídas se deben a múltiples causas coincidentes que se acostumbran a clasificar en: Causas intrínsecas: Prácticamente cualquier nosología del anciano puede causar caídas, mas las más usuales son: – Enfermedades neurológicas: por afectación del nivel de conciencia (epilepsia y accidente cerebrovascular), o bien por perturbación de la marcha y el equilibrio (enfermedad de Parkinson, demencias, etcétera).

 

– Enfermedades reumatológicas: enfermedades como la artrosis o bien la artritis reumatoide generan caídas por el trastorno de la marcha, el dolor o bien la rigidez que las acompaña. – Enfermedades cardiovasculares: las arritmias, la insuficiencia cardiaca, la hipotensión ortostática (bajada de tensión y mareo al incorporarse o bien levantarse con brusquedad) pueden generar caídas por pérdida de conciencia o bien por la debilidad que producen.

 

– Enfermedades de los sentidos: los trastornos de la audición y, sobre todo, de la vista predisponen y de manera frecuente producen caídas en los ancianos Forma de levantarse tras una caída: 1. Una vez en el suelo, procurar darse la vuelta, colocándose boca abajo. dos. Ponerse en situación de gateo. tres. Incorporarse: a) apoyándose en una de las piernas si no se encuentra otra unión. b) apoyándose en un mueble que está sólidamente anclado.

 

– Fármacos: las personas mayores son en especial susceptibles a los efectos secundarios de los medicamentos y a las interactúes entre ellos. Los medicamentos pueden provocar caídas por perturbación de la conciencia, del equilibrio y de la atención, como por rigidez muscular o bien hipotensión postural. Los que más con frecuencia se asocian con la aparición de caídas son los antihipertensivos, los sedantes generalmente y los antidiabéticos.

 

Causas extrínsecas: Son los factores que dependen de circunstancias sociales y ambientales. En consecuencia, en este conjunto se abarcan las caídas meramente casuales (si bien es conveniente rememorar que acostumbra a haber múltiples factores implicados de forma simultánea).

 

– En el domicilio: suelos escurridizos del baño, iluminación deficiente, moblaje poco apropiado, obstáculos en los lugares de paso, peldaños demasiado altos, ausencia de asideros y pasamano, alfombras, etcétera – En el exterior: aceras en mal estado, tráfico excesivo, mala señalización, falta de elementos de adaptación en los medios de transporte y en los accesos a edificios para las personas discapacitadas.

 

– En los centros de salud y también instituciones: ausencia de moblaje adaptado: camas, sillones geriátricos, etcétera como la utilización de medios de limitación física (cinturones) cuando no están indicados. Consecuencias de una caída La consecuencia más grave de una caída es, como resulta obvio, la muerte, que pasa en un número no abominable de casos.

 

Las circunstancias que determinan una mayor mortalidad asociada a las caídas son: la edad avanzada, la permanencia a lo largo de largo tiempo en el suelo, el sexo femenino y la existencia de caídas anteriores. Las consecuencias se dividen en: Consecuencias físicas. – Fracturas: son las lesiones graves más usuales con relación a las caídas.

 

Las de mayor trascendencia son las de cadera, debido a la incapacidad y las dificultades que producen. Otras fracturas usuales son las del radio, húmero y pelvis. – Magulles y heridas: se dan con mucha frecuencia y su relevancia se encuentra en el dolor que generan, que puede provocar una situación de inmovilidad. – Lesiones neurológicas: hematoma subdural (compilación de sangre en el cerebro), convulsión y contusión cerebrales. Son inconvenientes más extraños, mas muy graves.

 

– Lesiones asociadas a largas permanencias en el suelo: este es un factor de mal pronóstico puesto que conlleva dificultades graves, como la hipotermia. Consecuencias psicológicas: Estas secuelas se abarcan bajo el nombre de «síndrome postcaída» que se caracteriza por: – Temor a regresar a caer. – Pérdida de la autonomía personal y de la autoestima. – Modificación de los hábitos vitales anteriores.

 

Una caída acaba con una persona en el suelo o bien en otro nivel inferior y, a veces, parte del cuerpo golpea contra el objeto que determinó la caída. Típicamente, un acontecimiento ocasionado por un trastorno agudo (p. ej., un accidente cerebrovascular o bien una convulsión) o bien peligros ambientales desaforados (p. ej., golpe contra un objeto móvil) no se considera una caída.

 

Cada año, entre el treinta y el cuarenta por ciento de las personas ancianas que viven en la comunidad y el cincuenta por ciento de los que viven en hogares experimentan caídas. En los USA, las caídas son la causa primordial de muerte casual y la séptima causa de muerte en las personas ? 65; el setenta y cinco por ciento de las muertes asociadas con caídas ocurre en el doce,5 por ciento de la población ? sesenta y cinco años.

 

En el año dos mil, los costos médicos directos asociados con la atención de caídas mortales se acercaron a doscientos millones de dólares estadounidenses ( dólares americanos 179 millones) y fueron precisos dólares americanos 19 mil millones para la atención de lesiones por caídas no mortales. Cara el dos mil veinte, se estima que los costos alcanzarán dólares americanos 44 mil millones.

 

Las caídas ponen bajo riesgo la independencia de los ancianos y ocasionan una catarata de consecuencias individuales y socioeconómicas. Sin embargo, los médicos en muchas ocasiones no advierten caídas en un paciente lesionado pues la anamnesis y el examen físico en general no incluyen la busca concreta de este acontecimiento.

 

Bastantes personas ancianas se muestran reticentes a informar una caída por el hecho de que la atribuyen al proceso de envejecimiento o bien por el hecho de que tienen temor de que limiten sus actividades o bien las internen. Etiología El factor que pronostica una caída con mayor confiabilidad es el antecedente de otra caída. No obstante, las caídas en las personas ancianas pocas veces tienen una sola causa o bien factor de peligro.

 

Una caída acostumbra a ser el resultado de una interacción compleja entre los próximos elementos: Factores intrínsecos (deterioro de la función relacionado con la edad, trastornos y efectos desfavorables de medicamentos) Factores extrínsecos (peligros ambientales) Factores situacionales (relacionados con la actividad que efectúa el paciente, p. ej.,

 

correr al baño) Factores intrínsecos Los cambios relacionados con la edad pueden afectar los sistemas comprometidos en sostener el equilibrio y la estabilidad (p. ej., mientras que el paciente está de pie, anda o bien está sentado). La agudeza visual, la percepción de los contrastes y la profundidad y la adaptación a la obscuridad dismuyen.

 

Los cambios en los patrones de activación muscular y la capacidad de producir suficiente potencia y velocidad muscular pueden afectar la habilidad de sostener o bien recobrar el equilibrio como contestación a los cambios (p. ej., dar pasos sobre una superficie irregular, percibir un golpe). Las enfermedades crónicas y agudas (véase el Ciertos trastornos que contribuyen a acrecentar el peligro de padecer una caída) y el empleo de medicamentos (véase el Ciertos medicamentos que contribuyen a acrecentar el peligro de padecer una caída) son factores de peligro esenciales de cara al desarrollo de caídas.

 

Este peligro aumenta dependiendo del número de fármacos que recibe el paciente. Los alucinógenos son los medicamentos asociados con mayor asiduidad con más peligro de caídas y lesiones relacionadas. Factores extrínsecos Los factores ambientales pueden acrecentar el peligro de caídas en forma independiente o bien, lo que resulta más esencial, por medio de la interacción con los factores intrínsecos. El peligro es máximo cuando las condiciones del medio requieren un mayor control postural y del movimiento (p. ej.,

 

al pasear sobre una superficie escurridiza) y cuando el entrecierro no resulta familiar (tras una mudanza a un nuevo domicilio). Factores situacionales Ciertas actividades o bien resoluciones pueden acrecentar el peligro de caídas y de lesiones relacionadas. Como ejemplo, se mienta pasear y charlar simultáneamente o bien distraerse con dos o bien más labores concurrentes y no poder prestar atención a los peligros del entorno (p. ej.,

 

el final del camino o bien de un peldaño), correr al baño (de forma especial a lo largo de la noche, cuando el individuo no está bien despierto o bien cuando la iluminación puede no ser conveniente) y apurarse para atender el teléfono. Dificultades Las caídas, particularmente las repetidas, aumentan el peligro de lesiones, hospitalizaciones y muertes, sobre todo en ancianos desgastados, con enfermedades preexistentes y contrariedades para efectuar las actividades de la vida rutinaria.

 

Las dificultades en un largo plazo pueden incluir una reducción de la capacidad física, el temor de caer y ser institucionalizado; se notificó que las caídas contribuyen al cuarenta por ciento de los ingresos en los hogares de jubilados. Más del cincuenta por ciento de las caídas que suceden en ancianos provocan lesiones. Aunque la mayor parte de ellas no son graves (p. ej.,

 

magulles, abrasiones), son la causa de alrededor del cinco por ciento de las internaciones en pacientes ? sesenta y cinco años. Más o menos el cinco por ciento de las caídas produce fracturas del húmero, la muñeca o bien la pelvis, alrededor del dos por ciento genera fractura de cadera y alrededor del diez por ciento produce otras lesiones graves (p. ej., en la cabeza y los órganos internos, laceraciones).

 

Ciertas lesiones relacionadas con caídas son mortales y el cinco por ciento de las personas ancianas con fractura de cadera muere a lo largo de la hospitalización, con una tasa de mortalidad global de entre dieciocho y treinta y tres por ciento a los doce meses de la fractura de cadera. Alrededor del cincuenta por ciento de las personas ancianas que padecen una caída no consigue levantarse sin ayuda.

 

La permanencia en el suelo a lo largo de > dos horas tras una caída aumenta el peligro de deshidratación, úlceras por decúbito, rabdomiólisis, hipotermia y neumonía. La función y la calidad de vida pueden estropearse significativamente tras una caída; cuando menos el cincuenta por ciento de las personas ancianas capaces de merodear ya antes de fracturarse la cadera no recobra su nivel anterior de movilidad.

 

Tras caer, las personas ancianas pueden tener temor de regresar a padecer un accidente, de forma que su movilidad muy frecuentemente reduce debido a la pérdida de la confianza. Ciertos individuos pueden aun eludir ciertas actividades (p. ej., ir de compras, adecentar) a resultas de este temor. La minoración de la actividad puede acrecentar la rigidez articular y la debilidad, lo que reduce la movilidad en forma auxiliar.

 

Tras el tratamiento de las lesiones agudas, la evaluación procura identificar los factores de peligro y las intervenciones apropiadas con la intención de reducir la incidencia de futuras caídas y de lesiones relacionadas. Ciertas caídas se reconocen de forma fácil al encontrar una lesión evidente relacionada con ella o bien frente a la sospecha de una posible lesión.

Andadores para ancianos, evitando las caidas

 

No obstante, puesto que las personas ancianas con frecuencia no notifican haberse caído, se les debe consultar sobre este tema por lo menos 1 vez por año. En el momento en que un paciente notifica que se cayó 1 sola vez, debe evaluarse si presenta inconvenientes de equilibrio o bien de la marcha con la prueba “Get-Up-and-Go Test” (Levántate y ve).

 

Esta prueba consiste en la observación del paciente mientras que se levanta de un sillón común, pasea tres m (en torno a diez ft) on line recta, vira, vuelve a pasear cara la silla y vuelve a sentarse. La evaluación puede identificar debilidad de los miembros inferiores, trastornos de equilibrio al pararse o bien sentarse o bien marcha inestable.

 

Los pacientes que requieren un análisis más completo de los factores de peligro de caer engloban Los que tienen contrariedades en la prueba “Get-Up-and-Go Test” Los que notifican múltiples caídas a lo largo de la prueba de cribado Los que se valoran tras una caída reciente (tras la identificación y el tratamiento de lesiones agudas) Anamnesis y examen físico Cuando se requiere una evaluación más completa de los factores de peligro, esta debe centrarse en la identificación de los factores intrínsecos, extrínsecos y situacionales que pueden reducirse a través de intervenciones concretas.

 

Se les debe elaborar a los pacientes preguntas extensas sobre caídas recientes y después preguntas más concretas sobre el instante y el sitio donde se generaron las caídas y lo que hacían en ese instante. Ahora, deben efectuarse exactamente las mismas preguntas a testigos. Además, los pacientes deben informar si percibieron síntomas premonitorios o bien asociados (p. ej.,

 

palpitaciones, disnea, dolor torácico, vértigo, mareos), si perdieron la conciencia y si pueden identificar factores extrínsecos o bien situacionales evidentes. La anamnesis debe incluir preguntas sobre enfermedades pasadas y presentes, consumo de medicamentos que se adquieren bajo prescripción facultativa y de venta libre y de alcohol.

Andadores para ancianos con baja movilidad

 

Puesto que puede ser imposible la supresión de todos y cada uno de los factores de peligro de padecer caídas en el futuro, debe preguntarse al paciente si pudo levantarse sin ayuda tras caer y si ensayó alguna lesión; el propósito es reducir el peligro de dificultades generadas por caídas en el futuro. El examen físico ha de ser bastante completo para excluir causas intrínsecas evidentes de caídas.

 

Si la caída fue reciente, debe medirse la temperatura para determinar si la fiebre contribuyó al accidente. Asimismo resulta necesario determinar la frecuencia y el ritmo cardiaco con la intención de advertir bradicardia, taquicardia en reposo o bien arritmias. La tensión debe medirse con el paciente en decúbito supino y tras continuar de pie a lo largo de 1 y cinco minutos para excluir hipotensión ortostática.

 

En la auscultación, pueden advertirse múltiples géneros de trastornos valvulares. La agudeza visual debe examinarse con lentes correctoras en el caso de precisarlas. El paciente con minoración de la agudeza visual requiere un examen visual más detallado al cargo de un optometrista o bien un oculista. El cuello, la columna vertebral y los miembros (de forma especial, las piernas y los pies) deben evaluarse para identificar debilidad, deformidades, dolor y restricción de la amplitud del movimiento.

 

 

  1. MI abuela empezó a utilizar andador y está muy cómoda. Ha recuperado algo de movimientos y se siente más animada. Aunque me gusta seguir ayudandola siempre que puedo porque me da miedo que se caiga. ¿Cuál es el modelo de andador más seguro?

    1. Hola Anabel. El modelo perfecto de andador para ancianos, irá en base a la movilidad de la persona y de la superficie y el entorno donde se vayan a realizar los desplazamientos. Como bien dices, nunca esta de más acompañar al anciano. Nuestros mayores agradecen la compañía y se sienten mucho más seguros. En la mayoría de las veces comprar un andador para ancianos es una buena decisión. Puedes encontrar los tipos de andadores para ancianos en nuestro articulo y consultar con el medico según la movilidad que tenga tu abuela.

      Un saludo para ti y para ella

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